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Debido al largo tiempo que hizo falta para edificarla, y los diferentes párrocos que participaron en la dirección del proyecto, la construcción de la iglesia quedó influida por varios estilos arquitectónicos, al igual que su interior. Dentro de la iglesia, en el centro del altar mayor, hay una bellísima imagen de la Virgen María pintada por el artista Ignacio Ramírez, oriundo del estado de Jalisco; las estaciones del vía crucis fueron esculpidas por el artista de Ciudad de México Jesús Ramírez. El padre Rafael Parra Castillo ordenó estas y muchas otras renovaciones durante los años 1940, 1950 y 1960, por lo cual se le recuerda con mucho cariño hasta hoy. De hecho, hay una estatua erigida en su honor afuera de la iglesia.
Y está también la espectacular corona que adorna este magnífico sitio histórico. Es un adorno que llama profundamente la atención, que le otorga una elegancia adicional a la iglesia, y se dice que fue inspirado en otra famosa corona, la de la emperatriz Carlota, esposa del emperador Maximiliano I, que gobernó brevemente el país alrededor de 1860. La primera corona se instaló en 1963, pero el paso del tiempo y hasta terremotos terminaron destruyendo las versiones posteriores. Hace poco, la corona de la iglesia fue restaurada hasta que recuperó su gloria original.
Según se cuenta, en diciembre de 1531 ocurrió un milagro único en América, cuando la Virgen de Guadalupe se le apareció a un humilde indio llamado Juan Diego Cuauhtlatoatzin, que en la actualidad también forma parte del santoral. Todos los años, hay 12 días de alegres festividades para celebrar este milagro con conmemoraciones y miles de fieles que le rinden homenaje a la virgen. Más de 100 años después de haberse comenzado su construcción, la Iglesia de Nuestra Señora de Guadalupe todavía se levanta como un orgulloso símbolo de Puerto Vallarta, con sus respetuosas campanas que doblan todo el año en esta localidad tan fiel de México.
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